PRESENTACIÓN
Director artístico

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1218-2018, ochocientos años desde el inicio de las obras del Pórtico do Paraíso. Una efeméride así precisaba de una programación especial, y qué mejor que aunar la recuperación de algunos de los instrumentos del Pórtico con su puesta de largo en nuestro concierto inaugural, a cargo de nuestro músico más reconocido, Carlos Núñez que, abandonando su faceta de músico folk, se adentra en el repertorio medieval acompañado de grandes especialistas. Y, hablando de ellos, aprovechamos su presencia en Ourense para disfrutarlos en otros dos conciertos del festival; por un lado, en Monterrei –nuevo emplazamiento este año– donde los magníficos Arianna Savall y Petter Johansen nos proponen un viaje de amor por la Europa renacentista y barroca y, por otro, en el Arqueológico, con el maravilloso tenor Wolodymyr Smishkewych, acompañado por su organistrum que nos presenta los delicados límites entre lo sagrado y lo profano en la Europa medieval.

Cerrando este grupo de conciertos de música antigua, el aclamado tenor Marco Beasley vuelve al Festival, esta vez acompañado por los instrumentistas Stefano Rocco y Fabio Accurso, a una nueva sala –la iglesia de Santo Domingo– presentando un programa que nos sitúa en los albores del Barroco.

Pero no todo es música antigua en el festival. La presencia de Vida Guitar Quartet, uno de los grandes cuartetos de guitarra actuales, en el Liceo, nos hará disfrutar de la sonoridad inédita en el Pórtico de cuatro guitarras clásicas, con un fascinante repertorio del siglo XX; o la del espléndido sexteto vocal Ingenium Ensemble, en Xunqueira, que ofrecerá un programa absolutamente ecléctico tan al gusto de nuestro público. Por último, nuestra primera apuesta por los senderos del jazz, y hasta del flamenco, con un grandísimo virtuoso de la ármonica, Antonio Serrano, acompañado al piano por Albert Sanz en el Principal. Será, sin duda, una clausura acorde con una edición tan singular.

Así es este Pórtico. Siete concertos, siete salas, siete extraordinarias experiencias sensitivas al alcance de la mano. Merece la pena intentar no perderse ni una.

Juan Enrique Miguéns